Siendo tu esclavo, ¿que podría hacer sino servirte
en el tiempo y las horas de tu deseo?
No dispongo de un tiempo precioso que gastar,
ni servicios que prestar, hasta que tú lo requieras,
ni osaré criticar el tiempo sin límite del mundo,
mientras, mi soberano, yo escruto el reloj por ti,
ni pienso en la amargura de la agria ausencia,
cuando has despachado a tu sirviente con un adiós definitivo;
ni me atrevo a cuestionar con mi celoso pensamiento
dónde te encontrarás, o tus asuntos imaginar,
sino, como un triste esclavo, me quedo y no pienso,
salvo, allá donde estés, lo felices que les harás.
Tan absolutamente loco es el amor que, por devoción a ti,
a pesar de lo que hagas, nunca pensará mal
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